Un querido amigo, cofundador de Radical World y alguien que cambió profundamente mi vida.
Estaba en Portugal, visitando a mi madre, ya mayor, y a mi hermana, cuando recibí la noticia. No fue una sorpresa; Matt llevaba un tiempo enfermo, pero aun así el golpe fue duro. Sentí especialmente la distancia que me separaba de su amada Anita y de sus hijos, Adrian y Julian, que eran el centro de su vida.
Matt y yo nos conocimos gracias al siempre amable y atento Doug Kirkpatrick, que nos presentó. Doug percibió algo en ambos: dos personas que habían vivido dentro de la maquinaria de la empresa tradicional y que habían llegado a creer que era posible algo fundamentalmente distinto.
Matt no solo cuestionaba la forma habitual de hacer negocios: vivía la alternativa. Coc reó Nearsoft, una empresa definida por la confianza, no por la jerarquía. Un lugar donde las personas compartían de verdad las decisiones, el rumbo y el pan. (Le encantaba recordarnos que «compañía» significa literalmente compartir el pan. Vivía muy bien esa idea, sobre todo si había coyotas de por medio.)
Pero Matt también se llevó una lección profunda de aquella etapa.
Cuando Nearsoft fue adquirida, pese a ser una empresa autogestionada y próspera, la venta se llevó a cabo discretamente, bajo restricciones legales. Él y su cofundador estaban sujetos a acuerdos de confidencialidad y condiciones de negociación que los obligaban a mantenerla en secreto ante las mismas personas que habían construido la empresa junto a ellos. Los Nearsoftians. Aquella experiencia dejó huella. Matt lamentaba que la empresa se hubiera vendido a espaldas de las personas que más quería y respetaba.
Fue después de aquello, tras una conversación en la California Coop Conference, en Sacramento, cuando la copropiedad se convirtió en un tema central de nuestro trabajo conjunto.
Matt ya sabía que la cogestión podía funcionar; las personas de Nearsoft lo habían demostrado. Pero llegó a comprender que la cogestión por sí sola no basta si las riendas de la propiedad siguen en manos de una monarquía, por bondadosa que sea. Para que la transformación sea real y duradera, la propiedad también debe compartirse.
Esa es la visión que llevamos a Radical Companies y a Radical 🌍 World.
Nos cambiamos mutuamente. Nos hicimos más fuertes. Nos ayudamos a ver con más claridad.
Matt era amable, comprometido y generoso. Pero lo que más voy a echar de menos es esa parte suya que tenía opiniones firmes y las defendía sin disculparse por ello. Me enseñó que sostener una convicción firme no es un problema, siempre que estés dispuesto a soltarla cuando aparezca algo más verdadero. Así crecimos juntos.
En sus últimos meses, cada vez que hablábamos, volvía a una misma idea:
El mundo que la mayoría vemos está moldeado por el Relato, una lente construida sobre la fuerza, el miedo y la ilusión de control. La llamaba la Lente Fiat, y quería que las personas comprendieran algo: podemos elegir otra lente.
Creía que podíamos cogestionar. Compartir la propiedad. Cocrear.
Que podíamos dar forma a organizaciones y comunidades al servicio de la Vida, no solo de la eficiencia.
Eso es lo que Matt quería. Eso es lo que yo quiero. Y ese es el trabajo que voy a continuar.
En estos últimos meses también hemos perdido a otras dos personas cercanas a nosotros y a este trabajo:
Stewart Levine, pionero de los acuerdos colaborativos.
Lia Aurami, cofundadora de Enlivening Edge, que surgió de la visión de George Pór.
Su presencia importó. Su ausencia se siente profundamente.
Matt, Lia, Stewart: os echamos de menos.
Y vuestro trabajo, vuestro espíritu y vuestra visión siguen vivos en todos los que seguimos construyendo un Radical World.
